Posted on: December 01, 2015 by M. Oliver Heydorn (traducido por Martin Ant - hispanismo.org)

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Una recensión de “La Economía del Crédito Social y la Doctrina Social Católica”

     La siguiente recensión de mi pequeño libro La Economía del Crédito Social y la Doctrina Social Católica fue recientemente publicada por James Reed en Australia: CATHOLIC TEACHING AND THE ECONOMICS OF SOCIAL CREDIT - http://thecross-roads.org/index.php/political-science/5-catholic-teaching-and-the-economics-of-social-credit-james-reed


     El Sr. Reed ha proporcionado un muy buen resumen de algunos de los principales puntos que se presentan en este pequeño libro. Debería subrayar también que, si bien Douglas y muchos otros Creditistas Sociales principales (que yo sepa, no fueron “la mayoría”) han sido protestantes, su protestantismo a menudo ha sido de la denominación anglicana o anglo-católica. Esta rama particular del protestantismo es mucho más “católica” en su orientación social y, efectivamente, en su orientación espiritual general, que protestante. Me he tomado la libertad de reproducir la excelente recensión de Reed a continuación:


     Puede que se me demuestre estar equivocado: ¡podría muy bien haber esperanza para el Catolicismo! Tal y como se informó en On Target del 27 de Junio de 2014, el Papa Francisco ha atacado al sistema económico global, proclamando que éste pone el dinero por delante del bienestar de la gente, saca beneficios de la guerra al estilo de la Madre Coraje [1], y pronto lanza a los jóvenes al montón de desechos de la economía. Algunos países tienen un nivel de paro juvenil de más del 50 por ciento, lo cual supone un chocante desamparo del futuro.

     También estoy extremadamente impresionado por el Dr. M. Oliver Heydorn, que junto con su libro Economía del Crédito Social, una obra enorme, tiene un pequeño libro, La Economía del Crédito Social y la Doctrina Social Católica (2014). Aunque el Mayor Douglas (1879-1952) fue protestante, como lo fueron la mayoría de los otros fundadores del crédito social (por ejemplo, Eric D. Butler), ha habido, especialmente en Canadá, una gran tradición de creditistas sociales católicos, en particular los asociados alrededor de la revista Michael. Es muy apropiado asociar un ángel “luchador” con un movimiento que espera cambiar el mundo.

     En su prefacio a La Economía del Crédito Social y la Doctrina Social Católica, el Dr. Heydorn subraya que nuestro presente sistema económico es intrínsicamente disfuncional y, consecuentemente, “económica, política, cultural y medioambientalmente insostenible”. De esta forma, “estamos en camino de un desastre global (y lo hemos estado durante un número de siglos)”.

     El Crédito Social, aprovechado por los católicos del mundo, puede ser justamente el elemento que cambie el rumbo de la apisonadora del desastre en “el último momento”.

     Si bien uno puede ser un defensor del Crédito Social sin ser un católico y viceversa, las reformas y política del Crédito Social se engranan precisamente con los principios filosóficos del catolicismo. Douglas mismo reconoció que la posición del católico romano en economía constituía una “perspectiva esencialmente cristiana”. Escribiendo en su libro El Desarrollo de la Dominación Mundial, Douglas observaba: “El Crédito Social es cristiano, no primariamente porque fuera diseñado para ser cristiano, sino porque laboriosamente des-cubría la realidad. Si el cristianismo no es real, entonces no es nada; no es “verdad”, es la Verdad.”

     Tanto el catolicismo como el crédito social se oponen a las doctrinas del materialismo (materialismo dialéctico) y la lucha de clases, la supresión de la propiedad privada y la esclavitud y la subordinación del individuo que abrazan los socialistas/comunistas. Una comisión teológica establecida por los obispos de Quebec a finales de la década de los años 30, concluyó que el Crédito Social no era una forma de socialismo o comunismo. Cf. http://hispanismo.org/politica-y-sociedad/9640-que-es-el-credito-social.html#post59010. La Iglesia Católica en sí misma no tiene la autoridad económica para hacer un juicio sobre la doctrina económica misma (y, por tanto, sobre la propia solidez económica del Crédito Social), sino solamente sobre amplias orientaciones filosóficas. Sin embargo, la comisión teológica determinó que el Crédito Social era coherente con los principios fundamentales católicos tales como la dignidad de la persona humana, el mantenimiento del bien común, la subsidiariedad y la solidaridad.

     El tema de la primacía del individuo corre a lo largo de las obras de C. H. Douglas y de otros gigantes del Crédito Social como Eric Butler. La idea consiste en que los sistemas económicos y políticos deberían ser los servidores de la gente y no al revés como ocurre hoy en nuestro sistema económico.

     Lo mismo para el principio del bien común, o la Ley del Amor, como Mateo 22, 39 lo expresa: “Amarás a tu prójimo como a tí mismo”. La sana asociación social promueve el bien de todas las personas y de todo el hombre. Douglas creía que el objetivo del Crédito Social era crear “una sociedad basada en la libertad sin restricciones del individuo para cooperar en un estado de cosas en donde la comunidad de intereses y el interés del individuo no fueran más que diferentes aspectos de la misma cosa”, que es como Douglas planteó el asunto en su libro Democracia Económica.

     El principio de subsidiariedad se basa en las virtudes de la descentralización, de no hacer con una unidad social mayor algo que pueda hacerse con una más pequeña. El catolicismo, de esta forma, debe oponerse al mundo moderno de globalización económica y centralización política, y el Crédito Social ciertamente se opone a esto. Douglas, en Democracia Económica, lo resumió concisamente al decir: “Debemos construir hacia arriba desde el individuo, y no hacia abajo desde el Estado”.

     El Crédito Social también sirve para preservar a la unidad más fundamental de la sociedad, la familia, apoyando así el ancho principio de descentralización. Las mujeres que se quedaran en casa verían su trabajo doméstico económica y socialmente reconocido.

     El principio de solidaridad equilibra al principio de subsidiariedad, haciéndolo coherente con el principio del bien común, de tal forma que la descentralización no permita que los individuos y grupos se beneficien a expensas de individuos y grupos más débiles. Ambos principios son necesarios para funcionar juntos para así conseguir el bien común. Douglas reconoció que las gentes en la sociedad son interdependientes y, sobre esa base, rechazó el individualismo del liberalismo que, en última instancia, conducía a que los individuos más poderosos dominaran a los menos poderosos. Más aún, el Crédito Social, al asignar un Dividendo Nacional, que da a cada individuo una parte en los beneficios comunes, afirma la dignidad del individuo.

     Eliminando el monopolio del crédito e igualando el flujo de los precios finales con el suficiente poder adquisitivo del consumidor significa que, como el Dr. Heydorn señala, “Nunca más habría un grupo de élite de financieros en posición de poder usurpar la plusvalía que surge de la asociación económica para sus propios intereses e ilegítimamente a expensas del resto de nosotros”. (p. 17).

     La Economía del Crédito Social y la Doctrina Social Católica es un libro excelente y fácil de leer, apoyado por numerosas citas y fuentes. Todos aquéllos que busquen el fin de la tiranía financiera harían bien en leer este libro.

 

[1] Nota del traductor: “Madre Coraje y sus hijos”, es una obra de teatro de Bertolt Brecht, en donde se pone de manifiesto una posición contraria a la guerra y al comercio realizado en medio de ella. 

 

 

 

 

 


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