Posted on: February 02, 2016 by Victor Birdger (traducido por Martin Ant - hispanismo.org)

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Un resumen del Crédito Social


El siguiente artículo (incluyendo el prefacio) fue escrito por el ya fallecido Victor J. Bridger, que fue un Creditista Social de larga data originario de Australia. El Sr. Bridger, que intentó popularizar de varias formas el Crédito Social: http://www.ecn.net.au/~socred/, se implicó con el movimiento del Crédito Social durante más de 50 años.

 

 

PREFACIO

¿En qué consiste el Crédito Social?

     El Crédito Social comprende conceptos entrelazados de economía y política que tratan de conseguir la relación justa entre el hombre y la sociedad en la que vive.


Filosofía

     Se basa en una filosofía de principios Cristianos y abarca lo siguiente:


1. La suprema importancia del individuo:

     Esto hace que se consideren a las instituciones como servidoras del hombre y que existan para el servicio del hombre, y no al revés.

Esta situación únicamente puede conseguirse y sostenerse mediante:

(a) Libertad económica mediante el establecimiento de suficiente poder adquisitivo.

(b) Libertad política mediante el establecimiento del voto responsable;

(c) El mantenimiento de la correcta relación entre el individuo y el grupo (instituciones).


2. El individuo en la sociedad

(a) La Herencia Cultural

     Toda producción social se origina en el seno de una herencia cultural común de inventos pasados y acumulación de innovaciones tecnológicas, y se incrementa con el aumento de asociación. La herencia cultural más la plusvalía que se genera a partir de la asociación (es decir, el beneficio que se obtiene a partir del hecho de trabajar en unión), exigen la existencia de un dividendo nacional con el cual poder distribuir los beneficios obtenidos (doctrina Cristiana de la gracia). De esta forma la organización económica (industria, comercio, finanza) debería quedar al servicio de los consumidores a través del control que el consumidor ejerciera sobre la producción por medio de su voto monetario.

(b) Libertad Política

     Esto debería darnos capacidad suficiente para que uno pudiera asociarse o disociarse a voluntad, al hacer que las organizaciones políticas estuvieran al servicio de los grupos a través del control ejercido por los votantes sobre sus representantes.

(c) Seguridad Económica

     Esto significa que los individuos en la sociedad han de tener suficiente poder adquisitivo para proporcionar la demanda efectiva con el fin de consumir lo que produzcan.

Tanto (b) como (c), ambas conjuntamente representan la máxima descentralización de la política.


3. La filosofía se encarna a través de la política

Política

    La política implica un cambio en el sistema contable financiero a fin de reflejar la verdad y la realidad en el sistema económico. Al mismo tiempo, se requiere un cambio en el proceso político para reducir y revertir el aumento que se produce hacia la centralización, el cual hace incrementar el control sobre el individuo en la sociedad. Los detalles pueden obtenerse a través de la literatura disponible al respecto. Hay disponibles cursos de estudio en The Social Credit School of Studies, Inc.


Resumen

     El Crédito Social aboga por conseguir un óptimo económico y una libertad política para cada individuo asegurando (a) el control del consumidor sobre la producción –es decir, democracia económica; (b) el control del votante sobre la política –es decir, democracia política. El Crédito Social está en contra del sistema de partidos políticos; del sistema financiero actual existente; y de la concentración de poder sobre los individuos, ya sea en forma económica o política o de cualquier otra forma.

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     Muchas veces los Creditistas Sociales, cuando se han encontrado discutiendo o explicando algún aspecto del Crédito Social, se han visto confrontados con una pregunta del tipo: “¿Puedes resumirme todo eso en una palabra?”

     Obviamente, tratar de comprimir en una muy breve sentencia algo que, aun no siendo difícil de entender, va en contra de muchas de las ideas generalmente aceptadas que la gente tiene sobre la economía, la política y los problemas sociales, es algo que está lleno de peligros. El propósito de esta muy pequeña pincelada sobre el fondo de un enorme lienzo pienso que debería resultar suficiente para poder mostrar un cuadro que pueda ser entendido por aquéllos que no estén familiarizados con los pensamientos expresados.

     Para empezar, para poder comprender el Crédito Social, se verá que, aunque sólo hay una corriente principal única, hay también afluentes que fluyen de ella. Para comenzar, está la filosofía del Crédito Social y, siguiendo a ésta, está la política del Crédito Social. La filosofía contiene todas aquellas creencias que se consideran que forman parte de la realidad, todas aquellas cosas que se consideran que están más allá de todo cuestionamiento si hemos de aceptar la existencia de ciertas leyes naturales y que esas leyes son absolutas en el sentido de que no pueden ser quebrantadas por el hombre.

     La política del Crédito Social contiene las líneas de acción positivas que han de seguirse para conseguir los resultados o para obtener los objetivos ligados a la filosofía. Douglas se refería al Crédito Social como “La Política de una Filosofía”, y como “algo fundamentado en aquello en lo que uno profundamente cree; una porción de la realidad”. Para explicar esto se requieren ciertas definiciones y algunas explicaciones de estas cosas.


La definición de Crédito Social

     A veces las palabras Crédito Social han traído confusión a la gente que no ha reflexionado sobre su significado. Se ha dicho que suenan como si se tratara de alguna forma de socialismo y, de hecho, han llegado a ser designadas por algún ignorante con el nombre de Crédito Socialista. Por supuesto, nada está más lejos de la verdad, pues se mostrará que el Crédito Social es la mismísima antítesis del socialismo. El origen de la palabra “social” proviene del latín “socius” que significa compartir, y es la base del significado de la palabra asociación. “Crédito” tiene su origen en la palabra “Credo; Yo creo”.

     Algunos Creditistas Sociales han expresado una definición del Crédito Social diciendo que es “la creencia inherente a toda sociedad de que sus miembros individuales en asociación pueden producir los resultados que ellos quieran, siempre que dichos resultados sean físicamente posibles”. Adviértase que aquí se ha introducido una frase clave: “físicamente posibles”. Ello introduce una limitación en los resultados que puedan producirse.

     El Dr. Tudor Jones, antiguo Presidente del Secretariado del Crédito Social, definió el Crédito Social como: “La eficiencia, medida en términos de satisfacción humana, de los seres humanos en asociación”. Más adelante definía la “eficiencia” con su significado correcto como “el poder de producir un resultado intencionado”, subrayando a continuación que todo aquél que deseara entender el Crédito Social debía antes examinar y resolver la cuestión de si la gente podía ser capaz o no de tener dicho poder. En otras palabras, ¿es cierto que los individuos que se unen en asociación para producir un resultado querido por ellos constituye algo posible o no? Si esto no se aceptara, entonces no habría ningún motivo en investigar más a fondo el Crédito Social. Si, por el contrario, estuviéramos de acuerdo en que la gente trabajando junta pudiera conseguir un resultado deseado, entonces se podría afirmar que la gente que estuviera trabajando junta podría conseguir más que lo que conseguirían si trabajaran sólo a nivel individual. Esto nos lleva a una parte de la filosofía que se expresa con el término de plusvalía originada a partir de la asociación.

     Desde el comienzo del hombre ha habido un incremento gradual en el descubrimiento de herramientas y materiales, así como de formas de usarlas para el beneficio mutuo. Esto ha tenido lugar hasta el día de hoy, y el incremento en la tecnología, así como la transmisión del conocimiento sobre su uso, es algo a lo que nos referimos con el término de herencia cultural. Es algo que no pertenece a ningún individuo en particular, sino a toda la humanidad.


El Objetivo del Crédito Social

     Cuando se le preguntó que definiera el objetivo del Crédito Social, Douglas contestó: “¿Hacia qué dirigimos nuestro objetivo? ¿Qué es lo que intentamos conseguir? ¡Nos estamos esforzando en traer al nacimiento a una nueva civilización! Estamos haciendo algo que realmente se extiende mucho más allá de los confines de un mero cambio en el actual sistema financiero existente. Estamos esperando, a través de varios medios, principalmente financieros, poder permitir a la comunidad humana salir de un tipo de civilización hacia otro tipo de civilización, y el requisito básico y primario para ello, como vemos, consiste en una absoluta seguridad económica”.

     Esta cita de Douglas, junto con las definiciones que ya se nos han dado, nos proporcionan una idea clara del concepto del Crédito Social. La frase de que “nos estamos esforzando en traer al nacimiento una nueva civilización” establece tres importantes puntos:

     1. Que el Crédito Social es un movimiento evolutivo y no revolucionario. No destruye para crear de nuevo; trae, siguiendo una secuencia natural, un nuevo nacimiento a partir de lo antiguo.

     2. Que se trata de una reforma del sistema contable financiero nacional actualmente existente; una reforma que permitirá el surgimiento de una nueva civilización.

     3. Dos objetivos de esta reforma son la provisión de seguridad económica y de seguridad política.


     Un examen de estos puntos confirma la opinión de que, desde el punto de vista práctico, el Crédito Social se puede describir como la política de una filosofía, y esto presupone cuatro cosas:

     1. Una creencia a partir de la cual trabajar; es decir, una filosofía;

     2. Un objetivo hacia el cual trabajar; es decir, una política;

     3. Un conocimiento del error existente en aquello que va a ser objeto de reforma; incorporando en ello tanto la política como la filosofía;

     4. Unos medios con los que corregir el error a fin de conseguir el objetivo. El conocimiento técnico para implementar una política.


La Filosofía del Crédito Social

     El Mayor Douglas afirmó que “El Crédito Social es la política de una filosofía”. Esta filosofía está representada por las creencias que sostenemos y por la implementación de la política a fin de alcanzar el objetivo. Esta política conlleva el estudio del sistema que deseamos corregir y la acción que tomamos en dirección a nuestro consciente y reconocido objetivo.

     ¿Cuáles son, pues, las creencias que forman la base de la filosofía del Crédito Social?

     Brevemente, podemos decir que se fundamenta en la creencia en el valor supremo de la responsabilidad humana, y en que el autodesarrollo del individuo hacia su más alta cota de perfección posible constituye la principal razón y objetivo de toda la organización social.

     Cree en la idea de que los sistemas son hechos para el hombre, y no los hombres para los sistemas, y en que ninguna civilización digna de este nombre puede desarrollarse si no proporciona la máxima cantidad de libertad posible al individuo.

     Al mismo tiempo que subraya el autodesarrollo e importancia del individuo, también alienta y promueve la máxima cantidad posible de cooperación. Pero debe ser la libre y voluntaria “cooperación que surge del consentimiento razonado”; la cooperación que surge del incentivo, y no la forzada cooperación que surge de la organización estricta o de la coacción legal o económica.

     En resumen, es la creencia en el autodesarrollo de individuos diversificados que gozan de libertad y seguridad, tomando la seguridad como base de la libertad. Abarca todas las libertades fundamentales: libertad o liberación respecto de las necesidades y el temor; libertad de elección, de acción, de expresión y de culto.

     Las creencias que hemos mencionado también indican el objetivo del Crédito Social. Ese objetivo es una nueva civilización, una civilización basada en la seguridad económica; una civilización en que sean realidad todas las libertades fundamentales; una civilización de prosperidad, cultura, felicidad y paz.

     Es la civilización que visualizó el profeta Miqueas hace 2000 años: “Con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas. No levantará la espada una nación contra otra ni se adiestrarán más para la guerra; cada uno se sentará bajo su parra y bajo su higuera, sin que nadie lo perturbe”.


La Política del Crédito Social

      Pasemos ahora a la política que surge a partir de la filosofía del Crédito Social, recordando siempre que la política es la acción dirigida hacia un consciente y reconocido objetivo.

      Cuando citábamos a Douglas diciendo que el requisito básico y primario para una nueva civilización era la seguridad económica absoluta, debe entonces resultarnos evidente que, al demandar una nueva civilización, debemos estar profundamente insatisfechos con la que tenemos actualmente, y que, al declarar como su requisito básico la “seguridad económica absoluta”, eso quiere decir que hoy en día debemos estar experimentando una inseguridad económica.

     Puesto que estamos convencidos de que no tenemos seguridad económica, tenemos que preguntarnos ¿POR QUÉ? Y, de esta forma, debemos comenzar a partir de este punto. Esto nos coloca inmediatamente en el campo de la economía, y nos da una dirección a nuestra política para poder conseguir nuestros fines.

     La CAPACIDAD para poder dar seguridad económica absoluta reside en los inmensos poderes de producción, que se han hecho posibles mediante la ciencia y la invención. El TÍTULO que da derecho a la seguridad económica absoluta reside en la posesión de ingresos suficientes en todo momento para poder comprar los bienes y servicios que la hacen posible.

     Puesto que vivimos en una economía monetaria (y no hay ninguna necesidad de cambiar esto), la seguridad económica se reduce sencillamente a la posesión de suficientes ingresos financieros para todo el mundo en todo momento, con independencia de que se esté o no empleado.

     Siendo esto así, tenemos que preguntarnos a continuación: ¿de dónde vienen los ingresos? La respuesta es muy simple. Todos los ingresos en forma de poder adquisitivo son distribuidos en las manos de los consumidores por medio de las operaciones de la industria. Todo poder adquisitivo se origina en la producción.

     Toma la forma de sueldos, salarios y dividendos, pagados directamente a los individuos que participan en la industria; o proviene indirectamente de ellos, a través de servicios públicos e impuestos, en favor de todos aquéllos que no participan en aquélla. No hay ninguna otra forma de poder adquisitivo en la comunidad diferente a ésa.

 

Industria y Banca

     Ahora avancemos un paso más. Si la industria distribuye todos los ingresos en forma de poder adquisitivo, ¿de dónde obtiene la industria, a su vez, el dinero para poder hacer esto? Un breve examen nos mostrará que la industria se financia a través de ahorros o a través de préstamos o descubiertos procedentes del sistema bancario.

     Pero, puesto que los ahorros, que en realidad no son más que poder adquisitivo no usado, tuvieron su origen a partir de anteriores préstamos bancarios hechos a la industria en otros ciclos de la producción, resulta cierto decir que la industria funciona casi exclusivamente gracias a los préstamos procedentes del sistema bancario.

     Debe recordarse que los bancos poseen poderes discrecionales para reclamar la devolución de los préstamos y descubiertos, incluso antes de que los bienes que contribuyeron a crear se hayan vendido; y a veces ejercitan este poder con desastrosos efectos para la comunidad.

     Los bancos sólo prestan dinero en forma de deuda reembolsable con interés, siendo su prioridad número uno por encima de los activos del prestatario; por tanto, resulta claro que los bancos controlan enteramente la producción de esta forma.

     Ya hemos visto que el dinero que fluye a través de la industria constituye la única fuente del poder adquisitivo; por tanto, también resulta claro que los bancos, al controlar la producción, automáticamente controlan igualmente el consumo.

     Es decir, todo el sistema económico en su conjunto está dominado por los bancos y, consecuentemente, dominan las vidas y destinos de la población, y dictan las políticas de los gobiernos. La historia demuestra esto de manera concluyente.

     Ahora avancemos todavía un paso más y preguntemos de dónde obtienen los bancos el dinero que prestan a la industria, y que les da el control de la comunidad.

     La respuesta es de nuevo muy simple: LO CREAN. Tomando la breve frase del economista inglés Hawtrey, “Ellos crean los medios de pago de la nada”. El dinero así creado se denomina crédito bancario.

     Los bancos no prestan el dinero depositado en ellos por los clientes, como la mayoría de la gente supone. Todo préstamo o descubierto bancario constituye una creación absoluta de nuevo crédito, y este crédito funciona como dinero.

     Cuando se giran cheques contra ese crédito, vuelven adentro del sistema bancario y forman depósitos. Prácticamente todos los depósitos se crean de esta forma. En lugar de que los depósitos sean usados por los bancos para crear préstamos –como generalmente se cree– son en realidad los préstamos los que crean los depósitos.

     La actual creación de crédito bancario es una operación casi sin coste alguno, ya que consiste sencillamente en entradas escritas en los libros contables u ordenadores de los bancos, y que se hacen efectivas mediante entradas escritas en los talonarios de cheques o en las tarjetas de crédito. La actividad bancaria es principalmente una actividad contable. La finanza consiste principalmente en una contabilidad, y el dinero consiste principalmente en cifras.

     Aunque se suele suponer o creer que el crédito bancario se emite contra la garantía del prestatario, en realidad se emite contra la capacidad productiva y el crédito real o “social” creado por toda la comunidad en su conjunto.

     Los bancos, sin embargo, tratan a este crédito de la comunidad como si ellos fueran sus únicos propietarios y, de esta forma, se encuentran en esa posición única de ser capaces de prestar algo que no les pertenece, y de ser bien pagados por ello.

     Puesto que los bancos poseen el privilegio exclusivo de crear y emitir dinero de esta forma, ellos constituyen así un monopolio del crédito, el cual funciona como dinero y que mantiene a toda la comunidad –a quien legítimamente pertenece ese crédito– bajo su sujeción, a través de la deuda. Este monopolio de creación de crédito o dinero constituye el mayor poder con que jamás se haya investido institución alguna en la historia del mundo.


Los Efectos del Monopolio del Crédito

     Examinemos ahora los efectos de este monopolio del crédito en la industria y la comunidad. Encontramos que la industria desarrolla tres funciones:

     (1) Produce bienes y servicios.

     (2) Distribuye el poder adquisitivo para poder comprar sus productos.

     (3) Establece los precios a los que se venden sus productos.

     La industria, si quiere prosperar, ha de obtener de vuelta del público a través de los precios de sus bienes más de lo que desembolsa al público en el transcurso de su fabricación. De lo contrario, no podría hacer ningún beneficio.

     Ahora bien, los precios están compuestos de todos los costes financieros de la producción, más un porcentaje que se carga como beneficio. Entre estos costes nos encontramos con partidas tales como el interés que se paga a los bancos sobre los descubiertos, y el dinero que se deja aparte en virtud de la depreciación en plantas y edificios.

     Aunque estos costes, que representan beneficios, interés y depreciación, son cargados todos ellos dentro de los precios, el dinero con el que poder liquidarlos no se distribuye al público, ni en forma de sueldos, ni de salarios ni de dividendos.

     Por tanto, los precios son –y siempre han de ser– mayores que el dinero disponible para poder comprarlos. En otras palabras, siempre hay una disparidad entre el flujo que hay en la generación de poder adquisitivo y el que hay en la generación de los precios, en todo periodo productivo. Como se puede ver, esto se debe al hecho de contabilizar todos los costes en los precios sin hacer al mismo tiempo provisión ninguna con la que poder liquidarlos todos ellos.

     Éste es el fallo existente en el sistema económico-financiero, y constituye la principal causa de todos los problemas económicos en el mundo. Se remonta directamente al uso de la deuda para la creación del dinero y a las políticas y prácticas del monopolio del crédito. Bajo el actual sistema financiero, no hay medio efectivo alguno de poder cubrir la brecha entre el poder adquisitivo y los precios.

     La disparidad entre el poder adquisitivo y los precios se acentúa aún más por medio de los AHORROS. Si el dinero distribuido en forma de poder adquisitivo no es usado de esa forma, sino que es ahorrado y reinvertido para producir más bienes, su función como poder adquisitivo se pierde; se convierte en capital.

     De esta forma la disparidad se va haciendo más grande que nunca, y esta disparidad aparece representada en forma de bienes sin vender, o bienes que se han de vender mediante otra forma de poder adquisitivo distinta de aquella que se distribuyó en el transcurso de su producción.

     Es una cuestión de hecho que el excedente representado por esta disparidad sólo puede ser vendido mediante un solo medio, y éste consiste en hipotecar el poder adquisitivo futuro; en otras palabras, mediante DEUDA.

     Existen varias formas de hacer esto:

     (1) Incremento o aumento en la toma de préstamos bancarios para nueva producción;

     (2) Pago aplazado, compra a plazos, órdenes de pago al contado, facturas, pagarés y otros mecanismos similares;

     (3) Gastos efectuados por los gobiernos en obras públicas a partir de préstamos monetarios.

     Todos estos métodos se basan en endeudamientos con el sistema bancario, y conducen a cargas de deuda pública y privada que son intolerables, y una tributación que se va incrementando cada vez más. Eventualmente han de culminar en una descomposición del sistema económico y de la moral de la comunidad.

     Estamos de acuerdo con Douglas cuando afirma que: “No hay ni una sola causa operante en el mundo hoy día que sea de tal importancia y esté tan plagada de la posibilidad de un desastre mundial, como lo es la disparidad entre el poder adquisitivo y los precios”.

     Sigamos a continuación los resultados que lógicamente fluyen a raíz de esta disparidad. Nos ha de resultar evidente desde el principio que, en todo ciclo de producción, una determinada proporción de bienes ha de quedar necesariamente sin vender.

     A medida que se van completando más ciclos, las porciones sin vender habrán de ir apilándose cada vez más hasta el momento en que resulte inútil y peligroso seguir produciendo más por el momento, de tal forma que los bancos restringen el crédito, la producción se ralentiza, y los hombres son despedidos.

     Cuando los hombres son despedidos, cesan los sueldos, el poder adquisitivo disminuye aún más, se venden menos bienes, el crédito se restringe aún más o se reclama su devolución y se cancela. Hay una carrera por querer vender por debajo del coste y se producen las bancarrotas.

     Los niveles de vida caen entonces rápidamente; hay cada vez más desempleo; aparecen una aguda depresión y los subsidios condicionales; los gobiernos comienzan a realizar obras públicas como ayuda, y los bancos inmediatamente les presta el crédito que previamente denegaron a la industria. La deuda y los impuestos crecen rápidamente.

     Todavía buena parte de los excedentes de bienes permanecen sin vender, y tenemos hambre y pobreza en medio de la abundancia. Los bienes son caprichosamente destruidos a través de un sabotaje deliberado, y a la producción se la restringe forzosamente. Con un desempleo masivo por todas partes, se nos dice que tenemos que trabajar duro, ahorrar más y gastar menos.

     En paralelo con todos estos eventos, está la lucha por encontrar mercados en el extranjero para los bienes que no pueden ser vendidos en el ámbito doméstico. Puesto que todas las naciones están haciendo lo mismo, y se encuentran en la misma difícil situación económica por las mismas causas, ello conduce a la hostilidad comercial, la fricción internacional y, final e inevitablemente, a la GUERRA.

     La suma de todos estos resultados que provienen de la disparidad entre poder adquisitivo y precios desembocando finalmente en la guerra, constituye ese desastre mundial previsto por Douglas. Solamente la exactitud del análisis de Douglas pudo hacer posible semejante profecía, y solamente estos resultados podían a su vez confirmar su análisis.


El remedio del Crédito Social

     Habiendo examinado el sistema y descubierto el fallo que hay en el mismo, ¿cuál es el remedio del Crédito Social? El remedio debe ser algo capaz de aplicarse, y se basa en el hecho de que los poderes de producción son ahora tan eficientes, gracias a la ciencia y los mecanismos, que hemos conseguido emerger hacia una edad de plenitud potencial, que podrá proporcionar un muy alto nivel de vida para todos.

     Es decir, es físicamente posible proporcionar aquellas cosas que nos asegurarán una seguridad económica absoluta para todos. Siendo esto así, los factores que se han de considerar son los siguientes:

     1. Que el poder para producir debe equilibrarse con el poder para consumir.

     2. Que debe terminarse ya con el monopolio del crédito, y que el derecho a emitir y controlar todo el dinero y el crédito ha de descansar en un organismo de derecho público que represente a la población.

     3. Que los ahorros no han de ser desviados de su propia función, esto es, servir de poder adquisitivo.

     4. Que el dinero y el crédito sean solamente un medio de distribución, y no una materia prima que pueda ser comprada o vendida a interés.

     5. Que la provisión o suministro de poder adquisitivo se deber realizar para todos aquéllos que no estén empleados o hayan sido desplazados de la industria por la maquinaria ahorradora de mano de obra.

     En relación a este último factor, el Crédito Social está convencido de que la ciencia y la invención reducirán de manera continua el empleo. Le da la bienvenida a este desarrollo porque permite inaugurar una edad de ocio que estimulará la cultura y el autodesarrollo.

     Para resolver y concordar todos estos factores, el Mayor Douglas ha trazado tres principios constitutivos para la reconstrucción social y económica que poseen una aplicación universal, y de los cuales pueden sacarse y obtenerse proposiciones prácticas adecuadas a las necesidades, condiciones y organización social de cualquier país que decidiera adoptarlas.

     Puestas de manera resumida, son:

     1. Que siempre ha de haber en todo momento un equilibrio o igualdad entre el poder adquisitivo y los precios, y que la reclamación de la devolución del crédito debe hacerse únicamente a medida que los bienes se van consumiendo.

     2. Que la industria ha de financiarse con créditos creados para ese propósito, y no a partir de los ahorros.

     3. Que un dividendo social deberá ir reemplazando progresivamente a los sueldos y salarios a medida que los hombres vayan siendo progresivamente desplazados o apartados de la Industria.


La Aplicación de Estos Principios

     Se verá que estos principios cubren los defectos que hay en el sistema actual existente, y con ellos se proporciona una solución que es tanto preventiva como terapéutica. ¿Cómo podríamos poner efectivamente en práctica esta solución?

     El primer paso será el establecimiento de una Autoridad de Crédito Nacional para que tome el control completo del sistema financiero, y ponga los asuntos de la nación sobre la base de una contabilidad apropiada y correcta. Esto restauraría el poder financiero en manos de la población, y acabaría con el monopolio del crédito ejercido por los intereses privados.

     La Autoridad de Crédito Nacional se cercioraría entonces, a partir de todas las fuentes disponibles, de cuál es la verdadera situación económica y financiera de la nación tomada como una empresa comercial, y redactaría de manera correcta una Cuenta de Operaciones y un Hoja de Balance de la Nación.

     Puesto que somos una población progresiva, con una riqueza nacional en continuo incremento, debería haber un saldo acreedor en cada periodo contable, el cual representaría el beneficio que se origina a partir de la apreciación de riqueza nacional por encima de la depreciación nacional.

     El crédito se emitiría contra ese saldo de beneficio para así poder establecer un equilibrio o igualdad entre el poder adquisitivo y los precios, pagar un dividendo social, o cubrir cualquier compromiso u obligación que se estimara necesaria para la seguridad o bienestar de la población de Australia.

     Una vez que hayamos establecido el control sobre nuestro crédito nacional, el poder para poder hacer cosas ya no estará más determinado por condiciones financieras. Bajo el Crédito Social, “todo lo que sea físicamente posible será financieramente posible”.

     Ahora indiquemos más definidamente cómo se utilizará este crédito. Es esencial que se utilice para prevenir la inflación, así como que su aplicación tenga lugar en un espíritu de cooperación. Douglas hizo ciertas sugerencias para implementar una política de Crédito Social y, mientras las mostramos aquí a continuación, es importante tener en cuenta que puede haber otras formas distintas de implementar dicha política.

     Para asegurar esta cooperación, se invitará a los negocios a que se registren en la Autoridad de Crédito Nacional para comerciar en base a márgenes de beneficio mutuamente acordados conforme a la naturaleza del negocio en cuestión. El beneficio sería lo suficientemente alto como para fomentar una amplia producción, pero no lo suficientemente alto como para permitir un aprovechamiento abusivo.

     Este plan dispositivo permitiría controlar los precios de una forma más científica que la del actual método de fijación de precios; pero, además, la técnica del Crédito Social proporciona un factor regulador que hace absolutamente eficaz ese control del precio.

     Este factor aseguraría que el dinero o el crédito emitido contra el saldo de beneficio que se desprende de los libros contables de la nación no solamente incrementara el poder adquisitivo sino que, al mismo tiempo, redujera los precios.

     Un ejemplo ilustrará cómo podría hacerse esto. Supongamos que el precio de un artículo fuera de $ 8, y el poder adquisitivo disponible fuera $ 5. La disparidad es de $ 3. El crédito podría emitirse para reducir el precio en $ 1,50 y para aumentar el poder adquisitivo en $ 1,50. De esta forma el poder adquisitivo y los precios sumarían cada uno $ 6,50, y así se habría conseguido el necesario equilibrio o igualación.

     El dinero para reducir los precios aparecía en la forma de un descuento, conocido con el nombre de Precio Justo o Descuento Al Por Menor (como un impuesto sobre la venta o un IVA, pero al revés), y el dinero para aumentar el poder adquisitivo aparecería en la forma de un dividendo social en favor de los individuos, y pagado con independencia de estar o no empleado. Ambos provendrían de ese beneficio nacional al que ya se ha hecho mención, y proporcionarían los medios para una seguridad económica.

      El Precio Justo o Descuento Al Por Menor se aplicaría únicamente a los bienes finales de consumo vendidos por los minoristas. En cada periodo contable, la Autoridad de Crédito Nacional haría pública la tasa de descuento, y los minoristas, después de cargar todos sus costes en los precios, a continuación pasarían a vender sus bienes, restándoles la cantidad correspondiente al descuento. De esta forma, realmente pasarían a venderlos a un precio menor que el precio de venta establecido en un principio.

     Los minoristas presentarían a continuación sus resguardos o comprobantes autorizados a sus bancos locales, los cuales les abonarían en una cantidad igual a la del descuento oficialmente establecido. Los bancos, a su vez, serían reembolsados por la Autoridad de Crédito Nacional a partir del beneficio nacional. Los bancos, a su vez, serían adecuadamente remunerados en compensación por los servicios prestados.

     Solamente una porción del beneficio nacional sería usada de esta forma; el saldo de beneficio se utilizaría también para pagar el dividendo social, así como cualesquiera otros servicios considerados convenientes.

     Mediante este método de venta por debajo del precio normal de venta, se conseguiría que el dinero en manos de los consumidores incrementara su poder de compra, y todos los bienes podrían venderse sin pérdida ninguna para los productores. La inflación sería imposible, y todas las incertidumbres económicas de los auges y depresiones que acompañan al actual “ciclo comercial” desaparecerían. El sistema económico quedaría estabilizado.

     Bajo el Crédito Social, el tomar prestado para propósitos nacionales vendría a ser algo innecesario; las obras públicas podrían construirse sin necesidad de deuda. La deuda nacional podría ser gradualmente liquidada; y los impuestos, como medio para la obtención de ingresos, quedarían eliminados.

     La “planificación” más eficaz que se puede hacer en el mundo es la de poner el dinero adecuado en manos de los consumidores. Teniendo de esta forma demanda efectiva, éstos podrían dar las necesarias órdenes de compra, y a la industria se le permitiría así poder funcionar hasta llegar al límite de la capacidad del productor o hasta llegar al límite de la demanda del consumidor, lo primero que ocurra antes. El nivel de vida crecería así hasta alturas incalculables.

     Una vez asegurada la seguridad económica, la lucha por los mercados en el extranjero, así como las condiciones que conducen a las depresiones en el ámbito doméstico nacional, se terminarían; y la nueva civilización de libertad, paz y prosperidad por fin vendría a nacer.


Conclusión

     La aplicación de la ciencia y la tecnología a la producción permiten ahora a la humanidad el poder asegurar una cantidad razonablemente suficiente de bienes materiales para todos, sin tener que continuar con una servidumbre económica. Pero el sistema financiero existente es fundamentalmente defectuoso. Está poniendo en peligro al planeta a través de la explotación despiadada de sus recursos limitados con el fin de buscar un beneficio financiero y la voluntad de poder.

      La competencia entre bloques comerciales cada vez más grandes respaldados por el poder militar amenaza la destrucción global. En el corazón de esta complejidad de problemas interrelacionados subyace el monopolio de la creación del crédito por el sistema bancario internacional.

     El requisito previo para la resolución de estos problemas consiste en la eliminación de este monopolio de poder financiero, y su consiguiente control por los gobiernos nacionales a través de una autoridad pública debidamente constituida al respecto, una Autoridad de Crédito Nacional, responsable ante el Parlamento, pero inmune a la manipulación política. Esta Autoridad mantendría las cuentas nacionales de producción y consumo tanto en términos físicos como monetarios (como actualmente se hace por la Oficina de Estadísticas a la hora de calcular el Producto Interior Bruto y el Producto Nacional Bruto), y regularía la emisión de crédito en concordancia con el funcionamiento o desarrollo de la economía. Funcionaría en interés de los ciudadanos, y con dispositivos compatibles para el mutuamente complementario comercio internacional.

     Los medios para conseguir ese fin son conocidos y están disponibles. Existe un cada vez más creciente reconocimiento internacional de que semejante cambio es necesario.

 

 

 

 

 


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