Posted on: December 01, 2015 by M. Oliver Heydorn (traducido por Martin Ant - hispanismo.org)

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Los seres humanos no necesitan aplicarse

      El siguiente video, titulado “Los seres humanos no necesitan aplicarse”, ha recibido más de 2 millones de visitas en youtube. Explica cómo el desarrollo de máquinas inteligentes (ordenadores, robots, etc…) amenaza ahora muchas de las ocupaciones que tradicionalmente eran confiadas a la capacidad mental del ser humano (a la vez que continúan amenazando aquellos puestos de trabajo que eran confiados primariamente a la capacidad muscular del ser humano). El resultado es que más y más gente están dejando, –y continuarán dejando– de ser empleados permanentemente. La solución a este problema creciente está en la solución ofrecida por el Crédito Social.

     A la gente se le debe conceder acceso a los bienes y servicios con independencia de si su trabajo es requerido por la economía formal o no. Más aún, ese acceso no debe suponer un endeudamiento mayor de la sociedad, ni debe depender de unos impuestos redistributivos. Sino que debe ser financiado a través de la creación de un volumen adecuado de dinero libre de deuda, para así igualar el ritmo de flujo de precios para el consumidor con el ritmo de flujo de ingresos del consumidor. El mismo fenómeno que, desde un plano físico, está haciendo que la gente quede permanentemente en paro (es decir, el reemplazo del trabajo humano por las máquinas) constituye el mismo fenómeno que, desde un plano financiero, es el principal responsable de la brecha entre el ritmo al que los precios de los bienes y servicios se generan y el ritmo al que el ingreso es distribuido por cualquier proceso productivo moderno (la máquinas o el capital real implican, bajo las actuales convenciones financieras y de contabilidad, la imposición o recaudación de cargas financieras para las cuales no se está liberando simultáneamente ningún volumen, o un volumen insuficiente, de ingreso). El Crédito Social mata dos pájaros de un tiro al ocuparse efectivamente de ambos lados de el problema social central de nuestra edad: el sistema financiero que tenemos no está diseñado para tratar adecuadamente con las realidades del progreso industrial.

 

 

 

 

Un par de interesantes comentarios posteriores:


Cecilia: Es aterrador el ver aquello con lo que las generaciones que vienen tendrán que enfrentarse. A algunos de nosotros que hemos vivido antes de la tecnología y la total automatización se nos dio la oportunidad de experimentar la vida tal y como debería ser, y aunque se nos catalogó de acuerdo con nuestra clase social, niveles de educación, etc., nos enorgullecíamos en poder contribuir a la fuerza de trabajo, lo cual a su vez nos daba orgullo y una sensación de dignidad. Como seres humanos, siempre se nos dejaba “espacio para el error”; la automatización es demasiado perfecta, demasiado artificial y demasiado engañosa. Esto nos lleva a preguntarnos quiénes serán los VERDADEROS robots. Dios bendiga a las nuevas y próximas generaciones.

Oliver Heydorn: Hola Cecilia. Tienes razón en sugerir algunos de los peligros de la tecnología. En efecto, los seres humanos pueden convertirse, y a menudo lo hacen, en esclavos de la máquina de diversas formas. Al mismo tiempo, me parece a mí que el problema no radica en la tecnología en sí misma (de muchas formas la tecnología sabiamente usada constituye una gran bendición, tanto en términos de lo que puede producir como en el sentido de liberar a los hombres de la fatiga), sino más bien con el tipo de condiciones que el actual sistema financiero disfuncional impone en nuestra relación con la tecnología. En otras palabras, la clave está en que seamos capaces en definir o limitar esa relación de forma que la tecnología nos sirva a nosotros, en lugar de ser esclavos, o ser llevados de otra forma a la ruina, a consecuencia de nuestra dependencia de las máquinas. El actual sistema financiero, con su escasez artificial de poder adquisitivo, hace mucho más difícil, de lo que en otro caso lo sería, poder ser maestro en lugar de esclavo de la máquina.

 

 

 

 

 

 

 


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