Posted on: December 25, 2015 by M. Oliver Heydorn (traducido por Martin Ant - hispanismo.org)

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La salud y el Canon

(Foto al lado: el Poderoso Brote del Girasol)

      Un componente clave de la filosofía, o la “concepción de la realidad”, que subyace al Crédito Social es la idea de que el universo está gobernado por leyes que son automáticas e inexorables. Estas leyes existen independientemente del conocimiento humano y de las preferencias humanas. [1]

      En su conjunto, Douglas se refirió a estos principios dominantes como “el Canon”:

[Existe], atravesando la naturaleza del Universo, algo que podemos llamar “canon”. Es aquello a lo que se hace referencia en el Evangelio de San Juan como el “Logos”, la “Palabra” (Logos: “La Palabra” o “Razón”). [S. Juan 1:1, “La Palabra (Logos) estaba con Dios, y la Palabra era Dios.” …] Posee una variedad infinita de nombres. El ingeniero y el artista se refieren a él cuando dicen que han conseguido hacer algo “bien”. Otras personas dan a entender la misma cosa cuando hablan acerca de la verdad absoluta, o realidad. Cualquiera que sea el nombre mediante el cual desee uno referirse a esta idea, es algo que no importa mucho; todos instintivamente reconocemos su existencia, con independencia de que nos lo encontremos ya sea en algo como las proporciones arquitectónicas –como, por ejemplo, digamos, un cenotafio–, o ya sea incluso en las líneas sombrías de una batalla”. [2]

     Varios filósofos y teólogos de épocas pasadas han tenido el mismo dato básico en mente cada vez que han hablado acerca de la “ley natural”.

     El Canon es de vital importancia porque nos provee del marco orientativo correcto para todas nuestras acciones. El éxito en cualquier empresa depende de que discernamos correctamente cuáles resultan ser las leyes específicas que gobiernan una actividad particular, y de nuestro respeto hacia esas leyes en todo aquello que hagamos. La conformidad con o la obediencia hacia las leyes requiere, a su vez, que éstas sean efectivamente aplicadas por medio de métodos y/o mecanismos apropiados.

     En todas las esferas de la acción humana nos vemos, de esta forma, enfrentados con una elección ineludible: podemos, o bien buscar disfrutar de los frutos del bienestar participando en actividades funcionales, es decir, comportamientos que están en concordancia con las leyes de la realidad, o bien podemos sufrir las consecuencias de haber participado en actividades disfuncionales, es decir, comportamientos que no están en concordancia con las leyes que gobiernan la realidad. Las actividades funcionales respetan el orden creado (y a su Autor); las actividades disfuncionales violan su estructura:

“El verdadero éxito únicamente acompaña a un intento coherente de descubrir y de conformarse a este canon sin importar en qué pueda consistir la esfera de nuestras actividades”. [3]

     No nos engañemos sobre esto; existe un Canon que gobierna la salud, el estilo de vida, y la dieta. Claramente, no todas las dietas son igualmente promotoras de la salud, del mismo modo que no todos los estilos de vida son igual de valiosos en lo que al bienestar concierne. Así pues, ¿qué dieta/estilo de vida es el más sano?

     En lo que sigue a continuación, me gustaría llamar vuestra atención a solamente un conjunto de respuestas a estas cuestiones. Al hacer esto, no es mi intención proporcionar consejo médico de ningún tipo, ni es mi intención extraer ningún tipo de juicio definitivo en relación a la precisión o “exactitud” de estas respuestas. Como se dice en los Evangelios, “Por sus frutos los conoceréis”. Toda persona debe buscar llegar a sus propias conclusiones en línea con las evidencias disponibles y con su propia experiencia. Es de esperar que esas conclusiones serán también correctas.

     El Hippocrates Institute de Florida es uno de los muchos centros de salud alternativa de “alimentos vivos” que afirman, en substancia, haber descubierto o revelado el Canon con respecto a estos asuntos básicos del bienestar humano, estilo de vida y dieta.

     Sobre la base de muchos años de investigación y experiencia clínica, el Instituto sostiene que la dieta más saludable para los seres humanos es una dieta orgánica, vegetariana, de alimentos integrales, que está compuesta principalmente de alimentos crudos y especialmente alimentos vivos, como coles, pasto de trigo y varias algas. [4]

     Alimentos basados en plantas vivas y crudas orgánicamente cultivadas proporcionan los macronutrientes básicos (carbohidratos, proteínas y grasas) en una forma más fácilmente digestible; micronutrientes (vitaminas y minerales) en mayor variedad y cantidades; y finalmente un buen número de otros nutrientes que no se encuentran en absoluto (o, en el caso de los fitonutrientes, no se encuentran en esas altas concentraciones) en ningún otro tipo de alimento: Hormonas, Oxígeno, Phitoquímicos, Enzimas, y carga Eléctrica en forma de “bioelectricidad” (la principal manifestación de esa misteriosa realidad que conocemos como “fuerza de la vida”). Estos productos alimenticios también están libres de a) pesticidas tóxicos, hormonas de crecimiento, antibióticos, y GMOs [organismos genéticamente modificados], etc…, de la agricultura convencional,; de b) conservantes y sabores artificiales y agentes colorantes (incluyendo neurotoxinas como MSG [glutamato de monosodio], aspartamo, etc.) de alimentos procesados; así como de c) los varios subproductos desnaturalizantes y causantes de enfermedades a menudo asociados con alimentos para preparar al instante por uno mismo.

     Los nutrientes que son únicos de los alimentos crudos, es decir, los nutrientes H. O. P. E., parecen jugar un papel fundamental en mantener a raya la entropía biológica; en ralentizar, modificar e incluso revertir el proceso de envejecimiento, así como en mantener un funcionamiento propio y saludable en todos los sistemas del cuerpo.

     En efecto, se ha afirmado que la acción de adoptar una dieta del estilo Hippocrates (en unión con ejercicio apropiado aeróbico y anaeróbico, procedimientos de desintoxicación, y actitud psicológica saludable) es tan beneficiosa que puede regenerar el propio sistema de curación del cuerpo para prevenir, modificar y/o curar casi cualquier enfermedad conocida. Fue el antiguo doctor griego Hipócrates, el fundador de la medicina como ciencia racional y en cuyo honor se denomina el Instituto, quien dijo una vez: “deja que el alimento sea tu medicina y la medicina sea tu alimento”.

     Se puede acceder al sitio web del Instituto aquí: http://hippocratesinst.org/.

     La siguiente conferencia por el co-director del Instituto, Dr. Brian Clement, explica los elementos básicos del estilo de vida a base de alimentos vivos y crudos: 

 

 

     Desde el punto de vista del Crédito Social, la búsqueda del Canon en la esfera de la salud también conlleva importantes implicaciones económicas y políticas. Imagínese qué pasaría si todos siguieran las directrices apropiadas en relación con la dieta y el estilo de vida… habría una epidemia de salud. Esto interferiría con el empleo continuado de profesionales en el cuidado de la salud convencionales y con el crecimiento de esa particular industria.http://www.socred.org/index.php/blogs/view/es-hora-de-dar-ya-un-giro-copernicano-economico

     La economía “crematocéntrica” o “centrada en el dinero” bajo la cual sufrimos puede llegar a degradar incluso la más noble de las profesiones, aquéllas cuyas actividades son de lo más crucial para nuestra supervivencia y desarrollo. Cf. http://www.socred.org/index.php/blogs/view/es-hora-de-dar-ya-un-giro-copernicano-economico. Bajo el actual sistema económico, los profesionales médicos que rutinariamente actúan para prevenir y curar las enfermedades mediante los más efectivos y eficientes medios disponibles están expuestos al desempleo, mientras que aquéllos que usan métodos caros, menos efectivos y tóxicos se garantizan un mercado para ellos mismos a perpetuidad.

     En otras palabras, ha de reconocerse que la medicina convencional, tal y como actualmente es hecha funcionar bajo el actual régimen financiero, tiene intereses económicos creados en la existencia y proliferación de enfermedades crónicas – con independencia de que los proveedores de atención médica individuales o las instituciones estén o no, en cualquier momento dado, conscientemente actuando para proteger y promover dichos intereses.

     Irónicamente (o tal vez no), fue también Hipócrates el que estableció el primer y fundamental principio de la ética médica: Primum, non nocere. “Lo primero, no hacer daño”. Desafortunadamente, la práctica médica moderna viola este axioma en muchas más formas de las que uno pueda contar. El Juramento Hipocrático puede leerse aquí: http://classics.mit.edu/Hippocrates/hippooath.html.

     La vida tiene que ver con hacer elecciones; es mejor para nuestros intereses el asegurarnos de que todas nuestras elecciones sean genuinamente afirmadoras de la vida en lugar de destructoras de la vida.

     Una reforma de Crédito Social del sistema financiero haría mucho más fácil para la gente realizar las elecciones correctas en todas las áreas de sus vidas, y esto se conseguiría mediante la acción de hacer económicamente posible todo aquello que fuera físicamente posible y deseable. Cf. Crédito Social: una simple (si bien algo larga) explicación: http://www.socred.org/index.php/blogs/view/credito-social-una-simple-si-bien-algo-larga-explicacion. Del mismo modo que la salud biológica tiene ciertas exigencias que son intrínsecas a su naturaleza, un sistema social sano también tiene sus exigencias. Una comunidad de Crédito Social es una sociedad que ha aplicado apropiadamente el Canon referente a las materias sociales para así poder disfrutar de los beneficios de un orden financiero, económico y político en buen funcionamiento. En efecto, una sociedad de Crédito Social es simplemente una “sociedad sana”.


     Adenda: Tal y como Bob Klinck ha indicado en su comentario (véase más abajo), otro aspecto aún de la relación entre el Crédito Social y estas materias de la salud, la dieta y el estilo de vida, tiene que ver con el hecho de que la deficiencia crónica de ingresos del consumidor en la economía supone como consecuencia que los consumidores a menudo optan por aquellos alimentos que son los más baratamente producidos, y no porque ellos prefieran esos alimentos en términos de su calidad, sino meramente porque puede que sean todos los que se pueden permitir poder comprar. Los alimentos más baratos poseen una ventaja en cualquier economía. En una economía en donde el poder adquisitivo del consumidor es bajo, los alimentos más baratos poseen una doble ventaja. Esta segunda y artificial ventaja de la que disfrutan los alimentos más baratos en una economía estructuralmente anémica lleva a las compañías a producir cosas lo más baratamente posibles –hasta el punto incluso de comprometer gravemente la calidad de sus productos– para así poder mantener su cuota de mercado. En el caso de la producción agrícola, los métodos convencionales de la práctica agrícola de “grandes empresas” que implican pesticidas, antibióticos, hormonas de crecimiento, GMOs, etc., son usados precisamente porque ayudan a maximizar la producción por acre y suponen menos mano de obra intensiva en comparación con la práctica agrícola orgánica. Esto da como resultado alimentos más baratos pero de más baja calidad, por no decir envenenados. Químicos conservantes y saborizantes/colorantes también son usados para conservar la cuota de mercado; el primer conjunto de químicos sirven para extender la fecha de caducidad o vida útil de los alimentos (lo cual reduce los costes), mientras que el segundo conjunto hace a los alimentos artificialmente atractivos o adictivos.

     Si los precios de los bienes de consumo fueran mantenidos en un equilibrio automático auto-liquidable tal y como defiende el Crédito Social, los consumidores serían adecuadamente financiados (es decir, la deficiencia crónica de ingresos del consumidor cesaría de existir) y podrían más fácilmente permitirse pagar el tipo de alimentos orgánicos de alta calidad que muchos agricultores y un buen número de compañías de alimentos gustosamente preferirían suministrar si únicamente fueran rentables. Los patrones de producción y consumo cambiarían espontáneamente hacia una dirección más saludable.

Douglas habló de los efectos corrosivos del sistema financiero existente en relación al suministro de alimentos en los siguientes términos:

 

“Ahora bien, estamos hipnotizados por la propaganda de las compañías químicas internacionales en la creencia de que los análisis del terreno, los fertilizantes químicos y la maquinaria agrícola impulsada con gasolina son muy superiores y más “científicas” que la agricultura íntima del antiguo orden. No solamente no hay ni la más mínima genuina evidencia en favor de esto, sino que además hay una apabullante evidencia de lo contrario. Nunca antes ha habido tanta agricultura “profesoral”; y nunca los productos agrícolas han sido tan insatisfactorios en su calidad. Pan que ha de ser reforzado con medicamentos; fruta que tiene un aspecto atractivo y que no tiene sabor y carece de todas sus antiguas virtudes esenciales (las fresas Phoebe, la exportación básica de los fresales de Hampshire, a la vista aparecen grandes y deliciosas, y saben como algodón mojado); telas que son llamativas pero que no son ni cálidas ni durables; cerveza química, vino adulterado y prohibitivo en precio. ¡Progreso!” C. H. Douglas, The “Land for the (Chosen) People” Racket (London: K. R. P. Publications Ltd., 1943), 5.

 

“No pienso que yo sea una persona indebidamente remilgada, pero tengo que declararme culpable de una oleada de verdadera náusea frente a la descripción como progreso de las fábricas de huevos en donde cientos de miles de gallinas son mantenidas bajo luz eléctrica desde su nacimiento hasta su muerte, confinadas en pequeñas cajas, de las que nunca se les permite salir, poniendo huevos. Yo no quiero comer esos huevos, y tengo la fuerte convicción de que no son buenos para comer, con independencia de cuál pueda ser su sabor superficial.” Ibid., 17.

 

 

 

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[1] Cf. C. H. Douglas, Realistic Constitutionalism (London: K.R.P. Publications Ltd., 1947), 3. “…las reglas del Universo trascienden el pensamiento humano, y no pueden, en el sentido ordinario de las palabras, ser alteradas y, por tanto, deben ser descubiertas y obedecidas.”

[2] C. H. Douglas, Major C. H. Douglas Speaks (Sidney: Douglas Social Credit Association, 1933), 52 – 53. En la página 53 de este mismo libro, Douglas advertía que uno debe tener mucho cuidado en distinguir el Canon mismo de las varias manifestaciones o encarnaciones del Canon en tiempos y lugares específicos: “Porque el canon es una cosa espiritual, siendo las formas que lo encarnan de variedades infinitas; y no sólo eso: también cambian de tiempo en tiempo, y una adhesión esclavista a la forma constituye un cierto método mediante el cual perder el canon.”

[3] Ibid., 53.

[4] El pasto de trigo y algunas de las algas son desintoxicantes muy poderosos y deberían introducirse poco a poco (en pequeñas cantidades) cuando se comience una dieta de alimentos crudos/vivos.


Comentarios
Bob Klinck


Debería hacerse mención también a los efectos adversos de una constante exagerada presión sobre las empresas productivas para reducir costes, que viene causado por la escasez crónica de poder de compra del consumidor. Si bien esto ha traído progresos en muchas áreas, en el caso de la producción de alimentos, que juega un papel fundamental en la salud, ha habido muchas desventajas, tal y como describe este blog.

¡En el área metropolitana donde yo vivo existen tantos servicios médicos (tanto ortodoxos como alternativos) que a veces me pregunto si la solución que se ha encontrado al “problema del desempleo” es la de tener a media población atendiendo las enfermedades de la otra media, estando este segundo grupo en estado de “incapacidad”!

 


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