Posted on: January 18, 2016 by William Waite

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La Política como Ventas

     Las primeras líneas con las que comienza el libro de Douglas The Monopoly of Credit, publicado por primera vez en 1931, dicen:

     “No puede haber escapado a la observación de cualquiera que esté interesado en el bienestar y el progreso ordenado de la sociedad el hecho de que –más especialmente en los años que han transcurrido entre el final de la Guerra Europea y la actualidad– el centro de gravedad de los asuntos mundiales se ha desplazado desde los Parlamentos y las Embajadas hacia los Salones de los Bancos y a las Salas de Juntas. Es probable que este desplazamiento sea más aparente que real; que, de hecho, los Parlamentos y Embajadas no han sido durante mucho tiempo más que los vendedores de las políticas previamente fabricadas en otros sitios.” [1]

      La mayoría de la gente que está comprometida con la idea de que Australia es una democracia retrocederá ante afirmaciones como ésas. Dado el sólo dominio de conocimientos verbales que poseen los hombres y mujeres en política, no resulta difícil imaginarse al político como un vendedor. Sin embargo, para comprobar la afirmación de Douglas de que la política constituye una técnica de ventas en favor de políticas fabricadas en otros sitios, nos fijaremos en un caso particular, si bien no insignificante: el Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico.

     Las negociaciones de la TTP comenzaron en 2005 con la intención de liberalizar las estructuras comerciales entre los ahora 12 países negociantes. En caso de que concluyeran satisfactoriamente, el Acuerdo TTP se convertiría en el acuerdo de mayor alcance de este tipo jamás logrado, comprendiendo a 800 millones de personas y más del 40 % del P.I.B. mundial, incluyendo las economías de los Estados Unidos, Canadá, Japón y Australia.

     El empuje neoliberal de libre comercio ha ido en contra del trigo popular durante más de 20 años. En 1991, cuando el gobierno australiano estaba negociando los acuerdos de la Ronda Uruguay para la liberalización del comercio, una encuesta reflejaba que el 71 % de los australianos querían protección para los bienes locales. [2] Uno bien podría imaginar que este porcentaje sería mayor en la actualidad tras los cierres de fábricas, la fuga de capitales de los negocios australianos y la presión a la baja en los sueldos, ya que nos vemos forzados –a raíz de las protecciones rápidamente disueltas– a competir en precios con naciones que están muy a gustas en mantener a sus poblaciones en, o por debajo del umbral de la pobreza.

     Es interesante observar cómo la agenda internacional trasciende a la división de partidos: una bien segura indicación de la influencia procedente de salas de juntas y salones de bancos. En 2013, Rudd consideraba que el alcance de la TPP no era lo suficientemente amplio, abogando por dejar la puerta abierta a China para su unión a la TPP en el futuro. De acuerdo con Gillard, al ser preguntado sobre los beneficios de la TPP para Australia, decía que “un comercio más libre con nuestra creciente región supondrá puestos de trabajo australianos” –parece ser que los puestos de trabajo patrioteros pasan toda prueba o análisis de personas razonables: trabajo para todos, para siempre. Por suerte para la TPP en Australia, el liberal y sucesor en el puesto de Primer Ministro Abbot, con igual confianza fue citado en el Sidney Morning Herald, Nov. 2014, diciendo que “siempre existen tiras y aflojas en estas negociaciones, pero al final… todo el mundo queda en mejor situación”. Yendo más allá de las banales declaraciones de los políticos (o vendedores), preocupantes signos han venido a la luz en lo concerniente al contenido y desarrollo de la TPP.

     Una de las críticas del proceso de negociación de la TPP ha sido el secretismo bajo el cual se ha desarrollado. Ni la prensa ni el gobierno (fuera de las negociaciones, han sido muy pocos) han tenido acceso a los detalles del acuerdo en desarrollo. Fueron estas condiciones las que movieron al Senador Ron Wyden en 2012 a patrocinar un proyecto de ley que permitiría al Congreso de los EE.UU. acceder a los documentos de la TPP. El resumen se proporciona a continuación:

“Supervisión del Congreso sobre el Acta de Negociaciones de Comercio – Manda al Representante de Comercio de los Estados Unidos (USTR) a que proporcione acceso a los documentos, incluyendo materiales clasificados, referentes a las negociaciones para el acuerdo comercial en las que los Estados Unidos actúan como parte, así como de las políticas promovidas por el USTR, a cualquier Miembro del Congreso que solicite tales documentos, así como al staff del Miembro con las oportunas autorizaciones de seguridad.” [3]

     Esto demuestra que no sólo las políticas no se originan a través de nuestros representantes electos como reflejo de la voluntad del pueblo, sino que también a los propios representantes electos se les prohíbe leerlas a medida que se van elaborando. Más aún, a los representantes de las grandes corporaciones se les da acceso exclusivo a los documentos de la TPP. Wyden dijo al Congreso, en Marzo de 2012:

“A la mayoría del Congreso se le está manteniendo en la oscuridad en relación a la naturaleza de las negociaciones TPP, mientras que los representantes de las grandes corporaciones –como Halliburton, Chevron, Comcast y la Motion Picture Association of America– están siendo consultados y puestos al tanto de los detalles del acuerdo.”

     El fundador de Wikileaks Julian Assange, cuya organización filtró el Capítulo de Derechos de Propiedad Intelectual de la TPP en 2013 así como su versión actualizada en 2014, se refiere a ese privilegio de las corporaciones y a una posible razón para el secretismo, “El selectivo secretismo que rodea las negociaciones de la TPP, en el cual se ha dejado entrar a unas pocas multimillonarias megacorporaciones pero en el que se ha excluido a todos los demás, revela un fuerte temor al escrutinio público.” [4]

     MapLight, una organización de investigación que examina el vínculo entre el dinero privado y la política en America, ha revelado pagos de hasta 24 millones de dólares a bien posicionados miembros del Congreso para acceder a los documentos de trabajo de TPP. Estas ventas indican que la gente no sale barata. Miembros del Comité Asesor de Industria y Comercio sobre Derechos de Propiedad Intelectual (ITAC – 15) han vinculado a algunas de las entidades corporativas más grandes de América con los proyectos de la TPP, los cuales aparecen vedados incluso a miembros del Congreso. Corporaciones como AT&T, Johnson and Johnson, General Electric, Verizon, The Pharmaceutical Research and Manufacturers of America y la Recording Industry Association of America entre otras poseen representantes que se sientan en este Comité y asesoran sobre el contenido de la TPP. [5] No resulta sorprendente que la ratificación de la versión filtrada del Capítulo de Derechos de Propiedad Intelectual constituyera un fruto inesperado para estas organizaciones y para los grupos que representan.

     El Departamento de Asuntos Extranjeros y Comercio niega esta colusión en su página web. En su sección de preguntas frecuentes en relación al acceso de las corporaciones ellos dicen que, “El Gobierno no comparte los textos de negociación con corporaciones, ni con ningún otro”. [6] Dado el alcance internacional del acuerdo y los hechos que han salido a la luz en relación a las contribuciones de las corporaciones, ésa es una declaración falsa y engañosa. No resulta tampoco casual que las negociaciones sobre el Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico no hayan atraído el escrutinio del público. Una encuesta hecha por el Australia Institute encontró que sólo un 11 % de los encuestados “sabían absolutamente” acerca de la TPP. El Centro para la Investigación sobre Globalización describe la falta de cobertura informativa de los media sobre este proceso como “casi una censura”. El Departamento de Asuntos Exteriores y Comercio incluso retiró las invitaciones a los periodistas para asistir a una sesión informativa pública en Noviembre de 2013, tras la filtración del Capítulo de Propiedad Intelectual, diciendo que aquélla sería confidencial, por lo que los media ya no tenían derecho a asistir.

     Otra de las principales objeciones al TPPA es la inclusión de cláusulas de Arbitraje de Diferencias Estado-Inversor (ISDS), que permiten a las corporaciones demandar a los gobiernos por la aprobación de legislación que pueda conducir a una pérdida de beneficios. Estas disposiciones han sido introducidas en previos tratados comerciales y han permitido un buen número de polémicas acciones legales contra los gobiernos por el hecho de legislar en interés del público. Phillip Morris actualmente está demandando al gobierno australiano por la reforma del empaquetado genérico de cigarrillos con arreglo a los acuerdos de tipo ISDS incluidos en un tratado comercial firmado con Hong Kong en 2003. Después de que fracasara su acusación en el Tribunal Superior de Justicia, Phillip Morris Asia Limited recurrió al mecanismo de la ISDS diciendo que ellos tenían una reclamación legítima contra el gobierno que podría llegar a miles de millones de dólares. El caso se decidirá por un comité de arbitraje internacional de tres personas en Singapur. La mayoría de los procedimientos se mantienen confidenciales. Otros dos casos de ISDS en Canadá comprenden a la Lone Pine Resources que demanda al Gobierno Canadiense por $ 250 millones de dólares por paralizar prácticas de fracking bajo el Río de San Lorenzo, y a Eli Lilly que demanda al Gobierno Canadiense por $ 500 millones de dólares por negarse a renovar las patentes sobre las drogas Strattera y Zyprexa. Ambos casos caen razonablemente bajo la responsabilidad de gobiernos que legislan en interés del público. El Departamento de Asuntos Exteriores y Comercio declara en su página web que “el Gobierno Australiano se opone a estampar su firma en acuerdos internacionales que pudieran restringir la capacidad de Australia para poder gobernar en interés del público –incluyendo en áreas tales como sanidad pública, medioambiente o cualquier otra área de la economía.” Resulta difícil ver cómo esa política puede ser compatible con la firma de acuerdos que incluyen cláusulas ISDS.

     En una reciente preocupante novedad en el desarrollo de este proceso, defensores de la TPP en América han presionado en favor de una vía rápida del Acuerdo a través del Congreso. Tal medida evitaría que se hiciera cualquier enmienda a la TPP, como suele ocurrir en circunstancias normales. De nuevo, uno debe maravillarse ante el poder de los partidarios entre bastidores, que son capaces de elevar la TPP por encima del funcionamiento normal del gobierno. En cualquier caso, en Australia, después de que el acuerdo sea firmado por el gobierno, habrá un periodo de “20 días sentados” (veinte días de plazo) de consulta pública para revisar el acuerdo entero antes de entrar en vigor.

     El acuerdo TPP representa la fase más avanzada de aquello contra lo cual Douglas se oponía enérgicamente: control centralizado sobre la gente por una autoridad en general desconocida, distante e inalcanzable. El comunicado informativo de Wikileaks describe el Capítulo de Propiedad Intelectual: “El Capítulo de Propiedad Intelectual de 95 páginas y 30.000 palabras establece disposiciones para instituir un régimen de largo alcance, de legalidad y aplicación de la ley transnacional, modificando o reemplazando las leyes existentes en los estados miembros de la TPP.” [6] Sería difícil encontrar una descripción más concisa de la idea señalada por Douglas acerca de la “exaltación del Estado (o super estado) hasta convertirlo en una autoridad respecto de la cual no cabe apelación ninguna” (el paréntesis es mío). [7] La falta por parte de los medios de comunicación principales como de los políticos a la hora de tratar los asuntos verdaderamente importantes en relación con la TPP sugiere que todos ellos son simplemente instrumentos que ejecutan su papel. “Un objetivo fundamental de cualquier programa de adoctrinamiento bien elaborado consiste en dirigir la atención hacia cualquier otra parte, lejos del poder efectivo, de sus raíces y de los disfraces que adopta.” [9]

     Es esencial que la gente en nuestras llamadas democracias se den cuenta de lo que nuestro gobierno es: vendedores para el poder. Esto no quiere decir que todo político tenga designios malévolos para la instalación de tiranías, sino que el poder del dinero posee tal capacidad de penetración que puede asegurarse la elección de candidatos en números suficientes, con un historial probado de falta de oposición, o de activo promotor de las políticas de la finanza internacional y de las Corporaciones Multinacionales. El público acepta a regañadientes este conjunto de políticas a causa de la escasez crónica de dinero llevada a cabo por un sistema financiero centralizado y disfuncional. Debemos darnos cuenta de que el artificial problema monetario sólo puede solucionarse abordándolo directamente. La esencia del motivo a favor de la liberalización del comercio está en que necesitamos dinero, sin importar el coste para nuestra soberanía, medioambiente y derechos civiles. Cualquier intento de hacer funcionar al sistema contrayendo más deuda, vendiendo más a cambio de dinero procedente de exportaciones, mediante la privatización, y mediante la venta de tierra y activos, únicamente se traduce en una completa pérdida de riqueza real.

     ¿Cuál es la lección aquí? Es de la mayor importancia que el público desvíe su atención del teatro y la distracción de las discusiones políticas que no conducen a ninguna parte, hábilmente arrojadas hacia nosotros como medio para “la explotación de la ´opinión pública´ manipulada por la Prensa perteneciente y controlada desde el vértice del poder” [1]. Es en éste vértice, “los Salones de los Bancos y Salas de Juntas” a donde debemos dirigir nuestra mirada.

     Las palabras finales del primer comunicado informativo que siguen a la filtración del Capítulo de Propiedad Intelectual en 2013 son de Julian Assange:

     “De llegar a instituirse, el régimen de Propiedad Intelectual de la TPP pisotearía sobre los derechos individuales y la libre expresión, así como también pisaría sobre los colectivos intelectuales y creativos. Si tú lees, escribes, publicas, piensas, escuchas, bailas, cantas o inventas; si tu cultivas o consumes comida; si estás enfermo ahora o pudieras estas enfermo algún día, la TPP te tiene en su punto de mira.” [4]

 

 

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Referencias

1. Douglas, C. H. (1979). The Monopoly of Credit, 3rd Edition. Bloomfield Publishers, England.

2. Dunkley, G. (2004). Free Trade: Myth, Reality and Alternatives. Strategic Information Research Development, Kualar Lumpur.

3. Congress. Gov. 2012. Disponible en: https://www.congress.gov/bill/112th-congress/senate-bill/3225 [24 Febrero 2015]

4. Secret Trans-Pacific Partnership Agreement (TPP) – IP Chapter. 2013. Disponible en: https://wikileaks.org/tpp/pressrelease.html  [24 Febrero 2015]

5. Major Political Donors Have Access to TPP Documents, Everyone Else? Not so much, 2014. Disponible en: http://maplight.org/content/73378  [24 Febrero 2015]

6. Department of Foreign Affairs and Trade. 2015. Disponible en: www.dfat.gov.au [28 de Febrero 2015]

7. Douglas, C. H. (1934). Economic Democracy, 4th Edition. Bloomfield Publishers, England.

8. Press Release – Updated Secret Trans-Pacific Partnership Agreement (TPP) – IP Chapter (Segunda Publicación. 2014. Disponible en: http://www.wikileaks.org/tpp-ip2/pressrelease/ [24 Febrero 2015]

9. Chomsky, N. (1992). Deterring Democracy. Random House Australia Ltd, Sydney.

 

 

 


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