Posted on: May 14, 2015 by Oliver Heydorn (traducido por Martin Ant - hispanismo.org)

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El verdadero “Dinero Helicóptero”

     Un amigo recientemente trajo mi atención sobre un artículo muy interesante subido por “Tyler Durden” en Zerohedge.com:

http://www.zerohedge.com/news/2014-08-26/it-begins-council-foreign-relations-proposes-central-banks-should-hand-consumers-cas


     Después de criticar los intentos de la Reserva Federal de impulsar la economía en el último par de años a través de la “flexibilización cuantitativa”, el autor procede a advertirnos acerca del próximo intento para apoyar a los órdenes financiero y económico existentes: el “dinero helicóptero”. Él cita un artículo reciente que apareció en la publicación Foreign Affairs del Council of Foreign Relations, titulado “Imprimir Menos pero Transferir Más: Por qué los Bancos Centrales Deberían Dar Dinero Directamente a la Gente.”

     Ese artículo puede leerse en su totalidad aquí: http://www.foreignaffairs.com/articles/141847/mark-blyth-and-eric-lonergan/print-less-but-transfer-more

     Ahora bien, en tanto que organización globalista, debería resultar claro que el Council of Foreign Relations y sus recomendaciones políticas no han de ser dignas de confianza. Los individuos que financian a esa organización particular están interesados en centralizar el poder económico y político en manos de unos pocos, los super-ricos, y no en descentralizar el poder en una forma equitativa para cada individuo en la sociedad. No debería resultar una sorpresa, pues, que lo que Mark Blythe y Eric Lonergan están proponiendo en Foreign Affairs constituye, siguiendo la línea de la tradición keynesiana, una inversión de la política monetaria del Crédito Social. Sí, en efecto, la economía necesita de una liquidez adicional (existe una brecha recurrente entre los precios para el consumidor y el poder adquisitivo del consumidor), y sí, en efecto, sería lo mejor tanto desde un punto de vista económico como social suministrar esa liquidez directamente a los bolsillos de los consumidores. Sin embargo, si ese poder adquisitivo adicional fuera inyectado en la economía junto con un volumen igual de deuda; si viniera, en otras palabras, en forma de “dinero-deuda”, tal ajuste simplemente establecería una espiral de reacción clara y definida que tendería a socavar constantemente cualesquiera efectos beneficiosos que este tipo de innovación pudiera tener por otra parte. Incrementaría, en la medida en que se persistiera con ella, la montaña de deuda crónica (que es, en su totalidad, impagable) bajo la cual nos movemos penosamente. Igualmente intensificaría la continua marcha de la inflación.

     Uno no puede tratar con los problemas creados por un sistema de precios desequilibrado ni con las deudas impagables que genera, haciendo más de lo mismo e introduciendo incluso más dinero-deuda dentro del sistema. Lo que la economía necesita y lo que los consumidores necesitan es un incremento en la liquidez real, es decir, poder adquisitivo adicional que sea creado libre de deuda. La economía necesita el “dinero helicóptero”, pero siempre que sea dinero helicóptero libre de deuda. No necesita ese dinero, en ningún sentido fundamental, por el bien del crecimiento continuado (considerado como un fin en sí mismo), sino por el contrario para que pueda cumplir su verdadero propósito de la mejor forma posible: la distribución de bienes y servicios cuando, donde y en la medida en que sean requeridos, con la mínima cantidad de inconvenientes para cualquiera. El funcionamiento apropiado requiere de un equilibrio inherente. El dinero helicóptero libre de deuda equilibraría los precios para el consumidor con los ingresos del consumidor sin que se añadiera más a los costes futuros intensificando el problema de la deuda. Las buenas noticias son que la asunción subyacente tanto de los defensores como de los críticos del “dinero helicóptero” de que “en un país (y un mundo) ahogándose con deuda, sólo existen dos opciones para extinguir dicha deuda: inflarla o entrar en quiebra”, constituye una falsa alternativa. Existe una tercera opción: cancelar las deudas excesivas, que se generan por el normal funcionamiento del sistema de precios bajo las actuales convenciones contables y financieras, emitiendo un volumen suficiente de dinero libre de deuda para reestablecer un equilibrio automático. Distribuir una cierta proporción de ese dinero en forma de un Dividendo Nacional para cada ciudadano, ya esté empleado o no. Distribuir otra proporción en forma de un Descuento Nacional para rebajar los precios para el consumidor en consonancia con la proporción entre consumo/producción. Éste es el verdadero núcleo de la solución que ha sido propuesta por el Crédito Social durante los últimos noventa y pico años.

 

 

 

 

 


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