Posted on: March 14, 2015 by M. Oliver Heydorn (traducido por Martin Ant - Hispanismo.org)

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El Significado del Ocio

     Unos pocos días atrás, un amigo mío atrajo mi atención a un artículo que había sido recientemente publicado en Crisis Magazine. El artículo se titulaba “Por qué el Ocio es el Remedio para la Pereza”/"Why Leisure is the Remedy for Sloth": http://www.crisismagazine.com/2014/leisure-remedy-sloth#.U9AFb6g7c3w.gmail 

     Si bien estoy de acuerdo con muchas de las observaciones individuales que se hacían en el artículo, también tengo un número de objeciones y reservas en relación a su contenido. En lugar de discutirlas en forma de una crítica, pensé que sería más beneficioso presentar los fundamentos de la perspectiva del Crédito Social acerca del ocio como contrapunto. Uno de las cosas más características de la teoría del Crédito Social, una indicación de su fecundidad intelectual, es el hecho de que arroja una tremenda luz sobre muchos otros aspectos de la realidad.

     Desde un punto de vista del Crédito Social, es importante reflexionar sobre la verdadera naturaleza y valor del ocio, porque el ocio juega un papel vital en el tipo de sociedad que el Crédito Social concibe.

     Lo queramos o no, el avance tecnológico y la producción industrial significan que la eficiencia física bruta de los sistemas productivos está incrementándose continuamente y que podría incrementarse enormemente aún más si todas las barreras artificiales puestas a la eficiencia fueran eliminadas.

     La humanidad tiene que hacer una elección. O bien podemos continuar en nuestro actual y malhadado curso e intentar atiborrar a nuestro sistema productivo de todo el trabajo humano que podamos meter en él, –un sistema productivo que realmente ni necesita ni es capaz de absorber tanta energía humana superflua–, o bien podemos aceptar agradecidamente el hecho de que la actividad económica se está convirtiendo cada vez menos y menos en una carga natural de la existencia y, por tanto, debería ser inmediatamente relegada a la esfera de aquellas actividades que desarrollamos más o menos automáticamente, esto es, sin pensar demasiado en ellas o sin dedicarles demasiada energía:

     Si asumimos que los constantes esfuerzos por reducir la cantidad de trabajo humano por unidad de producción están justificados, y si reconocemos el hecho incuestionable de que la verdadera capacidad de consumo del individuo es limitada, entonces deberemos reconocer que el mundo, ya sea consciente o inconscientemente, está trabajando para llegar hacia un Estado de Ocio. El sistema de producción, bajo esta concepción, sería requerido para producir aquellos bienes y servicios que el consumidor desee de él, con un mínimo y, probablemente, decreciente cantidad de trabajo humano. La producción, y más aún las actividades a las que comúnmente nos referimos como “negocios”, necesariamente habrán de cesar de ser el interés mayor de la vida y habrán de ser relegadas, al igual que ha sucedido con muchas otras actividades biológicas, a una posición de menor importancia, para ser reemplazadas a su vez, sin duda alguna, por alguna otra forma de actividad de la cual aún no somos plenamente conscientes. [1]

     En efecto, una vez que finalmente nos decidamos a reformar el sistema financiero conforme a las líneas del Crédito Social para que, así, este segundo e iluminado camino pueda ser seguido, surgirá un nuevo “problema”: ¿qué haremos con todo el tiempo y la energía que se verán liberados como resultado? Claramente, algo deberá hacerse con este tiempo libre y esta energía libre; deben encontrarse algunas salidas de manera que las unidades de energía-tiempo puedan ser efectivamente canalizadas. El Creditista Social sería el primero en reconocer que el ejercicio de una actividad útil de algún tipo constituye una condición necesaria (aunque no suficiente) para un ser humano sano:

     El individuo humano sano requiere obras (es decir, en el sentido de realizar una actividad útil, no necesariamente un empleo remunerado, nota de O.H.) de algún tipo, del mismo modo que requiere comida; pero él no constituirá un individuo sano, mentalmente de ninguna manera, si no puede encontrar obras que realizar para él mismo, y probablemente encontrar obras que él puede hacer mucho mejor que las que le sean ordenadas por algún otro. [2]

     La respuesta a esta cuestión puede encontrarse reflexionando sobre las varias clases de acción humana. Hablando en sentido amplio, las actividades en asociación pueden ser situadas en una de estas tres categorías: las económicas, las políticas o las culturales. Haciendo los sistemas económicos y políticos más efectivos y eficientes al servicio de los verdaderos propósitos de la asociación económica o política (poniendo estos sistemas en concordancia con las realidades económicas y políticas relevantes), el Crédito Social reduciría enormemente el tiempo y la energía gastados en actividades económicas y políticas. Esto deja a la categoría cultural como el único campo restante para el esfuerzo:

     Las labores de nuestros científicos, nuestros ingenieros, y nuestros organizadores nos han traído al borde de un nuevo mundo: un mundo de ocio que proporciona oportunidades para la expansión de una cultura real, tal como la historia no ha contemplado nunca. [3]

     Afortunadamente, lo cultural cubre tantas posibilidades para la actividad humana que nunca puede ser agotada. Es hacia esta esfera, por tanto, que puede esperarse que la humanidad se redirija ella misma con nuevo ardor. Son las actividades culturales las que más disfrutamos, debido a que sentimos intuitivamente que es a causa de los fines de lo cultural, esto es, el desarrollo personal y, a través del desarrollo personal, lo trascendente, por lo que fuimos puestos en esta tierra en primer lugar. Este “florecimiento de lo cultural” anticipado arroja luz sobre el verdadero significado del ocio. En la teoría del Crédito Social, el ocio no se refiere a la ociosidad (de cualquier variedad que sea) sino a la actividad elegida por uno mismo (es decir, voluntariamente) que es, como mínimo, útil, y también a menudo creativa en esencia. En otras palabras, las actividades de ocio son actividades culturales. Tales actividades culturales pueden incluir: hobbies de varios tipos, artesanía, bellas artes, deportes y actividades recreativas, voluntariado, implicación en la comunidad, investigación científica, desarrollo tecnológico, exploración terrestre y espacial, desarrollo ético y filosófico, espiritualidad y práctica religiosa… y estoy seguro que esta lista no agota la gama de posibilidades.

 

 

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[1] C. H. Douglas, The Monopoly of Credit, 4ª ed. (Sudbury, Inglaterra: Bloomfield Books, 1979), 109-110.

Cf. también, Ibid., 84:

¿A qué meta nos estamos dirigiendo? ¿Qué estamos intentando conseguir?

Bueno, ahora, lo presentaré en una forma muy general y amplia, tal y como lo veo desde un sólo punto de vista.

Nos estamos esforzando en traer al nacimiento una NUEVA CIVILIZACIÓN. Estamos haciendo algo que realmente se extiende mucho más allá de los confines de un cambio en el sistema financiero.

Estamos esperando, a través de varios medios, principalmente financieros, permitir que la comunidad humana salga definitivamente de un tipo de civilización y entre en otro tipo de civilización, y el primer y fundamental requerimiento, tal y como lo vemos, para llegar a ello, consiste en una absoluta seguridad económica.

[2] C. H. Douglas, Security: Institutional and Personal (Liverpool: K. R. P. Publications Ltd., 1945), 6.

[3] C. H. Douglas, Major C. H. Douglas Speaks (Sydney: Douglas Social Credit Association, 1933), 65.

 

 


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