Posted on: December 20, 2015 by M. Oliver Heydorn

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Crédito Social y Usura

     Uno de los más comunes malentendidos en lo que al Crédito Social se refiere consiste en la noción de que el diagnóstico del Crédito Social puede ser resumido adecuadamente de la siguiente manera: “El problema con el actual sistema financiero consiste en que los bancos crean dinero de la nada en forma de crédito bancario y, a continuación, proceden a cargar un interés sobre el dinero que ellos prestan. Desafortunadamente, ellos no crean el dinero para pagar el interés y esto conduce a una acumulación continua de deudas imposible de devolver, etc., etc.”. Esta interpretación popularizada del Crédito Social es errónea.

     Es absolutamente vital para la gente entender que, en contraposición con esos reformadores monetarios que querrían focalizar toda nuestra atención sobre la creación privada del dinero y sobre la cuestión de la usura (independientemente de su definición), el diagnóstico del Crédito Social apunta a otra y mucho más profunda dirección. Si bien es cierto que los bancos efectivamente crean la mayor parte del suministro de dinero ex nihilo y en forma de deuda con un interés añadido, y si bien es cierto que estas prácticas pueden ser problemáticas (principalmente en relación al monopolio de facto sobre la creación de dinero que los bancos privados, para todos los efectos, actualmente poseen), el fallo más fundamental del sistema financiero no tiene nada que ver con la creación privada del suministro de dinero ni tampoco con el hecho en sí de cargar un interés.

     El núcleo del problema, de acuerdo con el análisis de Douglas, es que el sistema financiero está inherente o estructuralmente desequilibrado; genera precios a un ritmo más rápido de aquél al que distribuye ingresos. Esta diferencia en los ritmos entre los precios totales y los ingresos totales se manifiesta típicamente como una brecha entre los precios de los bienes de consumo y los ingresos del consumidor; una brecha que ha de ser cubierta de una forma u otra si se quiere que la economía alcance un estado de equilibrio financiero y continúe en funcionamiento.

     La brecha en cuestión no es causada exclusivamente, ni incluso primariamente, por el hecho de cargar un interés sobre el crédito bancario. En realidad, si uno quisiera restaurar la creación y emisión de todo el dinero al Estado y prohibir que se cargue interés, la brecha entre precios de bienes de consumo e ingresos todavía permanecería en la medida en que continuaran en su lugar las convenciones estándar que gobiernan la financiación de la producción y la contabilidad del coste industrial. Si bien el hecho de cargar interés puede exacerbar la brecha entre los precios de los bienes de consumo y los ingresos del consumidor (en la medida en que los beneficios del banco puedan ser mantenidos en reserva, reinvertidos, o utilizados para pagar deudas, o en la medida en que el dinero necesario para pagar el factor del interés en los beneficios del banco no pueda ser fácil o rápidamente redirigido a partir de otras obligaciones de gastos, etc.), la principal causa que está detrás de la brecha tiene que ver con el capital real. La adquisición de capital real bajo las actuales convenciones financieras deriva en la acumulación de costes en el proceso productivo respecto de los cuales no se ha distribuido poder adquisitivo, o se ha distribuido un volumen insuficiente de poder adquisitivo. Para el tiempo en que estos costes de capital se presentan para ser liquidados por el consumidor en los precios de los bienes y servicios de consumo, éste no tiene suficientes ingresos generados a partir de su producción para ser capaz de poder pagarlos.

     Más aún, si bien es igualmente cierto que bajo el actual sistema el hecho de cargar un interés puede ser a) oneroso (en la medida en que por el hecho de tener que pagar un interés podría detraer bastante de los ingresos de uno como para que la vida del día a día se convierta en gravosa y las necesidades legítimas de uno no puedan ser adecuada o fácilmente satisfechas), b) explotador (en la medida en que el hecho de verse obligado o fuertemente presionado a tomar prestado dinero en condiciones asimétricas ni siquiera existiría si la economía y, por consiguiente, los individuos disfrutaran automáticamente de niveles adecuados de poder adquisitivo para el consumo), y c) excesivo (en la medida en que uno podría ser requerido a pagar grandes, incluso sumas increíblemente grandes en interés que podrían exceder las cantidades originalmente tomadas en préstamo, en caso de que uno sea incapaz de devolver sus deudas de manera relativamente rápida), también es cierto que la restauración de un equilibrio automático y auto-liquidable para el sistema financiero conforme a las directrices de las propuestas del Crédito Social eliminarían todos estos objetables, es decir, usureros aspectos de la práctica, aún cuando el cargo de interés tuviera que continuar en una economía de Crédito Social. La distribución del flujo compensatorio de dinero libre de deuda al consumidor (mediante el Dividendo Nacional y el Descuento Nacional) acabaría con la desproporcionada centralización de la riqueza económica y del poder que están asociados con el actual monopolio del crédito, poniendo fin a este monopolio. En otras palabras, en un sistema financiero equilibrado, el cargo del interés cesaría de ser un problema. Ya que cesaría de ser un problema y ya que no constituye el problema subyacente en todo caso, el foco de atención de los reformadores monetarios debería centrarse en la restauración de un equilibrio conveniente para el flujo circular y no en eliminar la usura.

     Al final del día, los bancos privados (que continuarían funcionando bajo el Crédito Social como los contables financieros de la comunidad y como reguladores de la producción privada) deben ser capaces de cubrir sus legítimos costes y de hacer un beneficio a cambio de promover satisfactoriamente los intereses reales de la comunidad mediante la financiación de la producción deseable (es decir, remunerable). Deben, por tanto, recibir el derecho a imponer tasas, en una forma u otra, por sus servicios.


Adenda: Como ha advertido Wally Klinck en su comentario a este artículo (véase más abajo), el crimen fundamental del sistema bancario actual no consiste en sí en la carga de un interés sobre dineros creados de la nada, sino más bien en el hecho de que la brecha recurrente entre los precios de los bienes de consumo y los ingresos del consumidor (que no existiría si el sistema financiero fuera un sistema honesto, es decir, si reflejara correctamente la realidad) permite a los bancos establecer un título ilegítimo de propiedad efectiva sobre el capital real.

Como hemos visto, la brecha se debe principalmente a la existencia del capital real. Bajo las convenciones actuales, confiamos (en gran medida) en los bancos privados para que cubran esa brecha emitiendo préstamos adicionales a los gobiernos, negocios y consumidores. El incremento en liquidez que requiere la economía significa que estos préstamos compensatorios tenderán a ser devueltos más lentamente de lo que se contraen, conduciendo así a una montaña de deuda cada vez más creciente e imposible de devolver, sobre el cual deberá pagarse un tributo de interés compuesto continuo. La reivindicación tácita o implícita que los bancos hacen regularmente sobre la propiedad del crédito que ellos crean (mediante la exigencia de que les sea devuelto) se transforma, en este caso particular, en una clase de inversión a largo plazo, segura, y totalmente ilegítima. Resumiendo: el sistema de deuda ha permitido a los bancos apropiarse indirectamente del capital real para su propio provecho puesto que ellos son, dado su monopolio en la creación de dinero, los únicos que pueden compensar la brecha. En verdad, la propiedad efectiva del capital real (en contraposición a la propiedad administrativa) realmente recae en la totalidad de los individuos que componen la sociedad ya que los factores comunales de producción tales como los recursos naturales, la plusvalía de la asociación, y la herencia cultural, son los que han hecho posible el capital real. Por esta razón, el Crédito Social propone que la deuda bancaria adicional que actualmente es usada para cubrir la brecha sea reemplazada por dinero libre de deuda que sería emitido a los verdaderos propietarios efectivos del capital real: los ciudadanos comunes.

Adenda 2: De acuerdo con el principio de que el sistema financiero debería reflejar la realidad física de la economía lo más exactamente posible, sería sumamente apropiado que las tasas que los bancos, bajo el Crédito Social, cargaran sobre los préstamos para la producción (con el fin de satisfacer sus costes y hacer un beneficio razonable) fueran referidas como “cargas por servicios”. Esto pondría en claro que los bancos están siendo abonados por sus servicios y no por el dinero que ellos prestan, como si ese dinero tuviera un valor en sí mismo y por sí mismo. El dinero no será tratado como una mercancía artificialmente escasa bajo el Crédito Social, sino más bien como un mero instrumento numérico, un ticket.

 

 

 


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